Gouache portraits

La paranoia en los retratos de Nilton Vela
Por Manuel Ramos Van Dick

Que hay cosas que no son para los dedos (…)
Que aquí todo es fuga, aunque no exista la búsqueda
“Book de Laetitia Casta y otros poemas”
Rafael Espinosa

¿Cómo puede una forma humana, evidenciar escenarios íntimos? ¿Cómo desde la construcción de un platonismo corporal, se pueden revelar las funciones internas, muchas veces estrepitosas, de un escenario velado? Los expresionistas quisieron aprehender la “carne” que se ocultaba dentro de la carne. El núcleo de un espacio pitagóricamente menor, pero necesario para el flujo de las experiencias humanas.
Nilton Vela, entiende eso y da un giro. Sostiene algo que sabe de antemano que va a huir pero que lo determina. Él mismo dice: mi pintura transita en un ejercicio libre, donde la línea y el color se yuxtaponen y recrean imágenes absortas y desfiguradas. Pero esta afirmación es engañosa. El artista consciente o inconscientemente nos está revelando que aquí nada es libertad. Que lo que encaja es la dicotomía de desaparición y contención. De ocultamiento constante.
Paranoia no es un delirio brutal, un ensimismamiento en la compulsión. Paranoia es para el artista lo que el método para los antiguos griegos. Méthodo como camino. Un método constante de equilibrio. Una biografía de sentimientos pero también ejercicios de proyección que ensayan tantear el camino de la fuga. Un equilibrio de la sensibilidad. O la búsqueda de ello, al menos.
Ejercicios donde se apela a momentos de armonía edificante, que luego desaparecen. El artista ha creado una serie de cuadros que se alejan (por un instante) de sus tópicos anteriores para inaugurar un momento íntimo. Una serie de autorretratos, figuras humanas que tantean también los espacios de género. Los sexos son una apariencia y un complemento (como lo quiso Aristófanes en El Banquete), que preocupan a Vela.
Paranoia, tiene deudas que no podemos dejar de lado: Ensor, Nolde, Dix, Freud. Estos son los que no deberían interesar ahora. ¿No es acaso la búsqueda de Vela Dámaso pretenciosa? En extremo. Pero la impresión aquí es que al artista poco le importan esos juicios. La revelación de rostros desenfrenados, de semblantes agrietados no debe confundirnos. Mientras que Lucien Freud buscaba por ejemplo, el acercamiento hacia la intimidad física, para este artista puneño, lo físico es un trampolín, una excusa para revelar hoyos y grietas imperceptibles. Solo audibles en el proceso de observación. Audición y observación. Vuelvo a la pregunta inicial: ¿como una forma humana, como lo corpóreo, puede revelar las funciones internas? Y aquí hay que ser enfáticos. El artista entiende que el trabajo artístico es una exigencia física: el observador debe también, en el proceso de recepción, oír, ver, tocar. Debe entregar el cuerpo en un ejercicio de reflexión, de constante confrontación.
En ese sentido, el arte de Nilton Vela se construye como agitación de la condición humana. Exagerando la frase de Lacan, Paranoia pareciera decirnos la pintura está en mi ojo, pero yo también estoy en la pintura.
Y en ese estar, me atrevo a decir, nada perdura. Se filtran entre los intersticios las interpretaciones, el mundo interno del artista y de los que nos reflejamos ahí. Y aunque todo es fuga, no hay pérdida. Por el contrario, hemos ganado la conciencia de que nuestra condición esta signada por el eterno escape.

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